Para entender a Pedro Castillo…o a sus detractores

Un maestro llamado Pedro Castillo ha ganado las elecciones en la primera vuelta de las presidenciales peruanas. Es un maestro rural, evangelista, con más de veinte años de experiencia en la enseñanza. Es un campesino, tiene una vaca, varias gallinas, unas cuantas plantas y algunos árboles frutales que rodean a su casa de adobe, allá muy lejos de Lima, en un distrito de Cajamarca. Habla un castellano claro, pausado, sereno, tiene una mujer campesina como él y una pequeña hija.

En 2017, este hombre encabezó una prolongada huelga magisterial y puso en apuros no solo al gobierno, sino también al Sutep, el sindicato de maestros dominado desde hace décadas por Patria Roja, el partido maoísta.

Castillo recorrió los pueblos de la sierra montando caballo, vistiendo poncho y sombrero y reunió multitudes en las plazas públicas.  La gente del interior se encontró en él. Su popularidad creció como la espuma y ahora puede ser convertido en presidente del Perú si le gana la segunda vuelta a Keiko Fujimori, la porfiada hija del exdictador que está preso, condenado a más de veinte años de cárcel mientras ella misma está enjuiciada por ser jefa de una organización criminal especializada en el lavado de activos.

La súbita presencia de este personaje andino, un intruso en el vetusto y repudiado sistema político peruano, ha causado la alarma de las clases medias y altas. La derecha dice lo de siempre: es un cómplice de los terroristas y nos convertirá en Cuba o Venezuela. La izquierda de Verónica Mendoza arruga el ceño y exige condiciones: le exige poco menos que se declare feminista, amigo de la comunidad LGTBI y también que diga que no nos va a convertir en Venezuela (hace tiempo que cierta izquierda peruana admite que Venezuela es una dictadura). Verónica Mendoza, la candidata de las izquierdas “oficiales”, no se ha dignado felicitar a ese intruso que le ha malogrado un triunfo que ya festejaba como seguro.

Y ahí está, tranquilo, recibiendo todo tipo de ataques de la prensa y la televisión. Muchos de esos ataques, incluidos los de la izquierda, son abiertamente racistas. A pesar de que Castillo es candidato de un partido que se llama Perú Libre, que se autodefine como marxista y mariateguista (de José Carlos Mariátegui, el fundador del socialismo peruano).

La segunda vuelta entre el maestro rural y la hija del exdictador la definirán probablemente, no solo los electores que vuelvan a votar sino los dos millones seiscientos mil ausentes que no asistieron a la primera vuelta, si es que van esta vez. Todo está por verse, pero es muy significativo que el Perú de abajo, el Perú profundo, se haya atrevido a mostrar nuevamente su rostro, a ver si el carcomido y corrupto Perú oficial le hace caso de una buena vez.

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